jueves, 17 de noviembre de 2011

La noche antes de las trompadas

Casi no te conozco y ya siento que tengo que pedirte perdón. Y sí: no todas las primeras citas terminan en el hospital. Pero por lo menos vas a tener una anécdota graciosa para contarles a tus amigas.
Quisiera comentarte cada detalle pero se me escurre de la memoria. Solo me acuerdo que estábamos tomando unos tragos y después, la batahola. No me acuerdo si antes comimos. Pero seguramente que lo hicimos: ninguna cita arranca con las copas. A menos que te haya conocido en el boliche.
Sí, es probable que te haya conocido en el boliche porque ahora que te veo no te ubico ni de la facultad ni del trabajo. Ni mucho menos del barrio, conozco a todas y cada de esas chicas. Y a muchas en la intimidad. Claro, por eso no recuerdo el momento exacto en que nos conocimos: porque no planeamos una cita sino que coincidimos en el lugar. Y el hecho de que me acompañaras al hospital habla de una muy buena onda entre nosotros.
Entonces: si no planteamos una cita significa que llegué al lugar con amigos, porque yo odio ir a los boliches solo. De hecho: detesto cualquier actividad que tenga que hacer solo. Entonces llegué hasta el boliche con mis amigos y allí nos conocimos. Lo que no puedo articular es tu carita con el revoleo de piñas que se armó después. Hay un hecho faltante en el medio de ambos acontecimientos. Salvo que uno tenga que ver con el otro pero no lo creo posible.
Sólo sé que en algún momento de la noche me agarré a piñas con alguien y no me acuerdo por qué. Y fue una pelea bastante importante, de esas en donde tu supervivencia depende de la cantidad de trompadas que pegues. Y no creo haber sido yo el culpable de la batahola. Y mucho menos vos.
Ahora me acuerdo: fue por culpa del Cuervo. En realidad de Pablo, que le decimos el Cuervo porque está estudiando abogacía aunque hace seis años que está cursando materias de primero. Pero le tenemos fe, es un buen pibe. Y es casi seguro que fue por culpa de una mina, porque desde que lo conozco todos los problemas del Cuervo estuvieron relacionados con las minas. Es una obsesión que tiene: no puede hablar con una chica sin el objetivo de llevársela a la cama. Si hasta el viejo le dice que se metió en la facultad para conocer chicas nuevas. Habrá pasado lo que siempre pasa en estos boliches: se debe haber encarado a una rubia que tenía novio, y digo rubia porque su nivel de testosterona se eleva al techo cuando está frente a una, y ahí se desató la locura. Y yo me tuve que meter a dar trompadas, porque no se puede abandonar a un amigo aunque se trate de un calentón de mierda que vive todo el día alzado.
Perdoná que sea grosero, pero me da bronca haberte abandonado para salvar al idiota del Cuervo. Y te agradezco mucho que no me veas como un idiota parecido a él. Porque al fin de cuentas: yo me ligué una paliza por el sacrosanto código de la amistad. Seguro eché a perder una noche maravillosa y, aunque lo niegues, debés estar enojada porque te noto muy distante. Lo que no puedo recordar es el momento exacto en que te conocí. Que fue antes de la pelea seguro… o fue después.
A ver: nosotros llegamos a las dos de la madrugada al boliche y lo primero que hicimos fue ir a la barra. Ahora me acuerdo: fuimos a la barra porque en la previa comimos unas papas fritas que había traído el Guille que nos dieron una sed de locos. Fuimos a pedir una de esas cervezas que te sirven en un vaso gigante y ahí se armó la pelea, porque el Cuervo se dio vuelta para llamar al Guille y le tiró el vaso a un pelado que tenía detrás. Claro: la rubia del problema no fue una mina sino la cerveza que le tiró al pelado.
El tipo se puso como loco y le exigió al Cuervo que le pagara la cerveza, pero éste lo mandó a la mierda. Empezaron a los gritos y cuando me quise dar cuenta ya había tres tipos que le querían pegar al Cuervo por lo que tuve que meterme a repartir piñas. En eso aparecieron los de seguridad del boliche pero uno se ligó un botellazo. Yo lo agarré al Guille, que se estaba defendiendo con una silla, para irnos del lugar y de repente… la nada misma.
Seguro que me dieron con algo, porque sino no hubiera terminado en el hospital, pero ahora lo que no me explico es cómo entraste vos en la historia. A menos que nunca hayas estado en el boliche y te haya conocido cuando… Ah!.
Por supuesto: ahora todo cierra. Y disculpe por haberle querido tocar el culo recién, doctora.



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